Describiré la fruta desde su gusano dulce
descubriré en ella la sensación de soledad
como un patio rodeado de muñecos que hablan
no abriré la boca
acepto la pena
que los dioses decidieron para mí:
oler el aire entre los árboles del parque
sentir en la piel el suave irse de las cosas
dejar mis manos vacías de palabras acariciadoras
martes, 7 de abril de 2009
misterios de siempre
Entiendo que mi escritura nació entre pliegues secretos, hace unas décadas (no negaré lo mensurable del tiempo), en una casa con olor a pañales y altísimos focos colgando de los techos. Fue una fuerza que me tomó las manos y me lanzó a escribir, a dibujar, a soñar falsos momentos futuros. Algo en mí eligió la escritura; los dibujos no pasaron de cuadernos escolares. Años escribiendo poemas. Cientos de poemas. Hasta que un día (¡Maldito día perdido en mi memoria!) el animalito que vivía en algún lugar adentro de mí empezó a inquietarse con los versos que él mismo inventaba, y me llevó, diría que a la fuerza, a que el mundo viera esos poemas. Y fue un enorme, inconmensurable (ésto sí) error. Nunca debí dejarme llevar. Mis poemas debieron quedar entre él y yo (y los otros que me habitan). Algunos poemas formaron libros que fueron publicados por editores locos. Ese animalito rápidamente, casi de manera instantánea, se convirtió en monstruo. ¡Luego quiso que inventara historias!. Que les diera otro formato: así empecé con algunos cuentos. Y bienm el proceso fue igual que el de los poemas. escribir, perfeccionar, llevarlo a editores mal de la cabeza. El resultado fue peor de lo esperado: terminaron publicando la primer novela que escribí; y mi monstruo odiando a todos los demás escritores del mundo, salvo a Franz, a Fedor, a Miguel, a Horacio, a Felisberto, a Mario. Odiando a los que se la creyeron, a los que pensaban que estaban haciendo Arte... ¡Ja!... Algo de Arte... Por suerte a mi monstruo nada de eso le importaba. Es decir: ¡le importaba un comino el arte!. El quería, quiere, que yo sea su esclavo. Y casi casi lo logra. Diez años pasaron desde aquel libro último, y por suerte ninguna de mis histroias escritas para él y por él, han visto la luz... Y va a ser difícil que eso ocurra, pues son tan recurrentes como crudas, tan obvias como extrañas, tan íntimas como universales...
Por lo pronto ahora, ya con otras cosas en la cabeza mi mano no le hace caso... Y vuelvo a mis raíces 20 años más tarde. A componer poemas, que son los verdaderos ahuyidos del monstruo interior, y que llegarán sólo a mentes turbulentes y a almas ansiosas.
Por eso cree este blog, para disparar las elucubraciones de la mente atormentada de ese bicho que tengo bien adentro, para que el que las reciba sienta algo, o no...
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